sillasligeras
El criterio de comodidad suele comenzar por el propio niño, pero casi siempre termina incluyendo al adulto, porque una silla puede ser muy confortable en el asiento y sin embargo convertirse en una carga por lo difícil que resulta empujarla, subirla a un bus o guardarla en casa. En este sentido, las sillas de paseo ligeras suelen valorarse por detalles que, en fotos, no siempre se aprecian: el tipo de ruedas y su capacidad para absorber vibración, la facilidad para girar en espacios reducidos, la estabilidad al inclinarse ligeramente para subir un bordillo, la altura del manillar y la sensación de que la estructura no baila con el movimiento. También pesa el respaldo: que recline lo suficiente para una siesta, y que permita una postura natural cuando el niño está despierto mirando alrededor. Otro punto esencial es la capota, porque en la vida real hay sol, viento y cambios de luz, y una capota corta puede obligar a improvisar con telas o accesorios.